La yo que soy ahora

la yo

La yo que soy ahora no es esa imagen de una señora de pelo gris que me devuelve el espejo cada mañana.

La yo que soy ahora tampoco es la señora gruesa, de pelo teñido y corto, liso o rizado, que aparece reflejada en las páginas de mi álbum de fotos.

La yo que soy ahora tampoco es esa adolescente de pelo negro y lacio, hasta la cintura, que asoma en alguna fotografía en blanco y negro guardada en el cajón de los recuerdos.

Esas imágenes solo muestran el envoltorio que he utilizado para transitar por la vida a lo largo de los años y que, con el tiempo, se ha ido deteriorando.

La yo que soy ahora se calzó las sandalias y comenzó a subir, muy despacio, los peldaños del camino que aún le quedaban por recorrer, al ritmo que le permiten sus gastadas rodillas. Y descansó a la sombra de los árboles que le brindaban su cobijo.

La yo que soy ahora ya no piensa en desengaños ni en enfados. Se permite el lujo de sentarse en la bocana del puerto para contemplar el paso de la vida.

La yo que soy ahora no le teme a la muerte y, en su esquela, quiere que escriban:

«Falleció una mujer que hizo de la resiliencia el motor de sus días».